¿Quién dijo miedo?

Tanto amenazar con escribir un blog que, cuando me decido a perderle el miedo a Wordpress, me dicen que llego tarde.

En aquéllos tiempos, en los que nuestra madre nos hacía desconectar (a grito pelao) la red para llamar a la abuela o tonteábamos con el ligue de turno por el desaparecido Messenger, creíamos saberlo todo de Internet. Y ahora,  ¿15 años después?, algunas somos las mamut de las redes, cualquier ser prehistórico sería un pipiolín a nuestro lado.

Nosotras, las veinteañeras que nos entregamos a Tuenti como quien se entrega a su primer amor, pensando que duraría toda la vida y que jamás le seríamos infiel, ni borraríamos (afortunadamente) sus fotos. Las mismas que abandonamos la Vogue (y sus primas hermanas) y todo soporte en papel, en pro de las publicaciones digitales. Las que cambiamos a las famosas de turno en su alfombra roja, por la retahíla de bloggers de estilo low cost (y, más tarde, no tan low) que aparecieron por las extensas tierras de Internet. Sí, nosotras, las que nos manejábamos por una shop on line como auténticas profesionales del “compro y cambio”, nos hemos convertido en torpes-treintañeras-tecnológicas, a caballo entre lo que fuimos y lo que, probablemente, nunca llegaremos a ser.

No sé vosotras, pero yo escucho hablar de Snapchat y me suena a suajili. Twitter y sus siglas frecuentes son chino mandarín y los 140 caracteres que permite se me quedan escasos. Ya no uso Facebook por las fotos, sino por aquéllo de que incorporó un messenger y me han dicho que lo retro está de moda. De Instagram sé que el filtro “valencia” difumina los estragos de más de tres décadas a la espalda. Spotify ameniza mis ratos bayeta en  mano, pero sólo en versión gratuita, que la premium no es para cieneuristas, y en mis listas, mi canción de sábado noche sigue siendo come into my life de Gala. Si acaso, me quedo con Pinterest, por eso de las inspiraciones en edad casadera, eso sí, mayor foco de frustraciones nunca existió.

Sin embargo, aquí estoy, renegando de las herramientas que, con nulo o poco acierto, seguro utilizaré, confiando a Internet, a Snapchat y al Espíritu Santo, si se deja, un saco de ideas buenas, malas y peores que compartir con quien quiera quedarse.

Los temidos 30 ya los he superado, peino 32 junios y tres canas, luzco en mi frente la arruga del mal genio y ya veremos qué pasa de aquí a los 40. Mientras tanto, nos vemos por estas tierras, hablando de lo divino y de lo humano, o de la tontería de turno que se tercie, que por hablar (o escribir) no sea.

¿Quién dijo miedo?

Nos leemos pronto.

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