Artilugios de tortura.

Hace unas semanas, la actriz Michelle Jenner (Los Hombres de Paco, Isabel…) escribía un alegato en su cuenta de Instagram en favor de las mujeres reales que se convirtió en viral.

De repente un día,  Michelle se levantó guerrera y soltó tropecientas verdades sobre cómo nosotras mismas, voluntariamente, nos sometemos a un sin fin de, digamos, procesos, antes de salir a la luz del sol (o de la luna).

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¡Fuera pelos! ¿Dónde vas con esa cara de oso panda? ¡Riza esas pestañas! ¡Hay que darle un poco más al rojo de labios o esa cara no la levanta ni un campeón de halterofilia! ¡Ponte un tacón o parecerás la mujer de David el Gnomo y como no te peines necesitarás incluso su gorrito!… Y así una retahíla de pasos que, como si fueran un “manual de instrucciones para salir de casa”, seguimos casi todas a pies juntillas.

Que sí, que la industria de la moda, las revistas, las famosas, el cine o el photoshop han hecho mucho daño al estereotipo de mujer real. Pero, en serio, ¿alguna vez nos hemos tragado todo eso que vemos en la tele y en las revistas como realidad? Porque no seremos Afrodita, diosa de la belleza y de otras cuantas cosas más, pero idiotas tampoco. No nos lo hagamos.

Nuestra realidad es bastante más mundana. El culo de la vecina del quinto. Las tetas de la frutera. El pelazo Pantene de la nueva de recursos humanos. El armario de la amiga de mi amiga María. El estilismo de turno que se curra mi prima. Y así un largo etcétera de terrenales ejemplos que nos convierten en esclavas de nosotras mismas y de nuestras propias inseguridades.

Buscar responsables es inútil. En el fondo, sabemos que la culpa de no salir de casa sin rímel, colorete, 8 horas de sueño y habiendo bebido mucha agua, es nuestra (lo de las 8 horas durmiendo y el agua es sólo para celebs, claro, pero que no digan que no escribo para todo el mundo). Nos hemos acostumbrado a pasar tan a menudo por chapa y pintura que salir de casa sin parar en el taller nos parece un sacrilegio.

Así que, como no es tarea de este blog solucionar siglos de historia como esclavas de nosotras mismas, os daré mi lista de cosméticos básicos de tortura mañaneros para no meter miedo al pánico a las 07.30h:

  • Crema hidratante y contorno de ojos. No me extiendo más sobre mis favoritos, que tengo pendiente un “piel de trucha II” y no quiero spoilorearlo antes de tiempo.
  • Maquillaje Total Finish de Sensai. No es que la textura en polvo sea la mejor opción para conseguir una piel  jugosa, pero con un base de maquillaje fluida, al cabo de las horas, tu piel pasa de jugosa a asquerosa y una servidora no está dispuesta a freir toda la gama de fritos de la cocinera sobre su cara. El maquillaje en polvo aplana el rostro y tardas un suspiro en tener la cara parcheada, pero es fácil de retocar y sientes que tu piel respira.
  • Corrector de ojeras Maestro de Giorgio Armani. Cuando los chicos de Mr Wonderful crearon su famoso espejo con superpoderes para las ojeras de oso panda, está claro que pensaron en mí. Pero como es imposible que un espejo de menos de 4€ pueda ser mágico, por lo menos un corrector de 30€ disimula un poco el desaguisado. Eso sí, milagros a Lourdes.
  • Polvos de Sol Terracota 4 seasons de Guerlain. Tengo una cara plana. Ya me gustaría a mí tener los púmulos de Rosie Huntington-Whiteley, pero mi cara es más plana que la Meseta. Así que, aunque el contouring a lo Kim Kardashian ayudaría, a las 7.30h de la mañana, flagelos los justos. Un toque de polvos de sol debajo del hueso de la mejilla y a morder moflete.
  • Colorete Seduction de Nars. El colorete es ese must have sin el que no salgo de casa, pero que a veces me hunde al primer brochazo. A pesar de mi tendencia al heidismo, podría llevarme cualquiera de los blush de Nars a una isla desierta.
  • Rizador de Shu Uemura. Te rizas un día las pestañas y ya no puedes vivir sin él.
  • Máscara de pestañas Grandiôse de Lancôme. El rímel, ese gran invento que a veces parece que en vez de cepillar y tintar ligeramente las pestañas, aplicase unos cuantos rodillazos de titanlux. Afortunadamente, aquélla moda de las prebases blanquecinas y las pestañas pintadas con esa especie de tippex pasó. ¡Cuánto daño!
  • Eyeliner Double Wear de Estée Lauder. Una rayita sobre el ojo marca la diferencia entre tener ojos o no tenerlos y al ser de la gama double wear no acabas con el eyeliner desparramado en plan dramagirl.
  • Bálsamo de labios 8 hours de Elizabeth Arden. Soy de las que pienso que el rojo levanta hasta a los muertos, pero no en todos los curros podemos ir en plan matahari, así que un bálsamo aporta brillo y ayuda a no tener boca de lija, y oye, se agradece.

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Y a vosotras ¿qué básicos de tortura os acompañan cada mañana? ¿Usáis muchos productos o aún tenéis fe en vosotras mismas a cara lavada?

Nos leemos pronto.

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