Artilugios de tortura.

Hace unas semanas, la actriz Michelle Jenner (Los Hombres de Paco, Isabel…) escribía un alegato en su cuenta de Instagram en favor de las mujeres reales que se convirtió en viral.

De repente un día,  Michelle se levantó guerrera y soltó tropecientas verdades sobre cómo nosotras mismas, voluntariamente, nos sometemos a un sin fin de, digamos, procesos, antes de salir a la luz del sol (o de la luna).

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#FelizSanBallantine’s.

Reconozco que siempre me ha parecido una soberana ridiculez esto de celebrar San Valentín. Yo, que me tengo por una persona tolerante y respetuosa con las elecciones u opiniones de los demás, con esto no puedo, es superior a mí. Pongo la cruz y ya no hay quien me convenza de quitarla.

Y es que, desde que superé los 18, para mí el mundo se divide en dos tipos de personas: las normales y las que celebran San Valentín.

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¡Es la hora del show!

Me gusta el cine. Reconozco que no me duelen los 8 euros que pago cada viernes por ver una peli y a veces, hasta repito el sábado o el domingo. Pero no voy al cine a hacerme la cultureta viendo sólo obras maestras, voy a entretenerme. Lo mismo un día veo “Creed. La Leyenda de Rocky” que otro “El Renacido”. Lo mismo un día río con “Ocho Apellidos Vascos” (de “los catalanes” mejor ni hablar) que lloro con “Truman”. Y sí, también veo cine español, lo confieso, y no es tan malo.

No me creo a los que dicen que no van al cine porque ha subido el IVA, las salas ya estaban vacías antes. El que no va al cine es porque no le gusta. O quizás si le gusta, pero está claro que no lo suficiente, porque muchos pagan gintonics a 10€ y siguen bebiéndose hasta el agua de los floreros. Cuestión de prioridades.

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Piel de trucha.

Dicen, que uno nota que va haciéndose mayor a medida que cambian sus preocupaciones y prioridades. Que la edad te marca ese punto de inflexión entre lo no importante y lo que de verdad importa.

Cumples años y, de repente, te ves haciendo lo mismo que aquéllos que, con veinte, llamabas viejos de treinta. Dejas de cerrar bares, para abrir panaderías. Te levantas el domingo para tomar el vermú. Pasas tu día libre planchando, lo que no planchaste en el último año. Y, cuando organizas una comida (¿dónde quedaron las cenas?), buscas sitio hasta para un carricoche, por si alguna de tus amigas no tiene a quién encasquetar la descendencia.

¡Así son los treinta!, ¡benditos treinta!

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¿Quién dijo miedo?

Tanto amenazar con escribir un blog que, cuando me decido a perderle el miedo a Wordpress, me dicen que llego tarde.

En aquéllos tiempos, en los que nuestra madre nos hacía desconectar (a grito pelao) la red para llamar a la abuela o tonteábamos con el ligue de turno por el desaparecido Messenger, creíamos saberlo todo de Internet. Y ahora,  ¿15 años después?, algunas somos las mamut de las redes, cualquier ser prehistórico sería un pipiolín a nuestro lado.

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